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¿Qué es?

El Glaucoma es una enfermedad que puede causar un daño irreversible en el nervio óptico del ojo, la estructura que conduce las imágenes al cerebro. Está formado por fibras nerviosas que, al ser destruidas, hacen que la visión y el campo visual del paciente se vean perjudicados, pudiendo acabar en ceguera en casos extremos (si la destrucción de las fibras del nervio óptico es completa). Es necesario ir con especial cuidado y realizar revisiones oftalmológicas periódicas, ya que las primeras pérdidas visuales no se detectan fácilmente, sino que son significativas cuando el Glaucoma ya está en un estado avanzado. El tratamiento precoz es la clave para prevenir los daños irreversibles provocados por esta enfermedad.

¿A qué se debe?

Generalmente, ocurre cuando se rompe el equilibrio entre la producción y la evacuación del humor acuoso, el líquido transparente que mantiene la presión ocular estable y se ocupa del mantenimiento de de las estructuras oculares. De esta manera, si la presión ocular aumenta en exceso, puede provocar la destrucción de las fibras del nervio óptico. Estas fibras no pueden regenerarse y son las encargadas de enviar la información de las imágenes al cerebro. Por ese motivo, se va perdiendo campo visual, dependiendo de la cantidad de fibras que hayan sido dañadas. Por otro lado, no hay que olvidar que el glaucoma no se produce sólo por el aumento de la presión ocular, sino que existen otras causas que pueden dañar el nervio óptico, como la presión arterial u otras enfermedades vasculares que pueden desencadenar daños aunque el paciente tenga la presión ocular normal.

Tipos de Glaucoma

Hay varios tipos de Glaucoma distintos, pero de manera general, se pueden distinguir tres categorías:

  • Glaucoma crónico de ángulo abierto: es el más frecuente de todos los glaucomas ya que afecta a prácticamente un 75% de los que se diagnostican. Se manifiesta cuando se rompe el equilibrio ente la eliminación y producción de humor acuoso, provocando un aumento de la presión intraocular.  En general se produce de forma lenta y el paciente no es capaz de detectar los primeros síntomas.
  • Glaucoma de ángulo cerrado o agudo: se suele presentar asociado a un dolor ocular fuerte, y una disminución de la visión brusca. Es posible que aparezcan también halos alrededor de las luces, sensación de mareo con nauseas e incluso vómitos, etc. Viene producido por un brusco cierre de las vías de drenaje del humor acuoso: el ángulo a través del cual se debe eliminar este líquido es obstruido total o parcialmente. Consecuentemente, la presión intraocular aumenta de una forma muy rápida y causa un intenso dolor ocular.
  • Glaucoma congénito: se debe al desarrollo defectuoso de las vías de drenaje del humor acuoso desde el nacimiento. Durante los primeros meses de vida, el bebé puede no ser capaz de mantener los ojos abiertos con la luz (debido a la fotofobia) y también puede presentar lagrimeo.

Síntomas

El glaucoma es una de las enfermedades oculares que puede no causar ningún síntoma evidente en el paciente, a menos que esté ya en una fase avanzada. Así pues, se puede ir perdiendo campo de visión inconscientemente. Por otro lado, también es posible que se manifieste con mucho dolor ocular; ocurre cuando la presión es realmente alta o cuando ésta no puede controlarse, aunque sucede en menos ocasiones.

Prevención

La prevención es clave en esta enfermedad. A partir de los 40-45 años hay que revisar la presión ocular y hacer un examen de fondo de ojo periódicamente para detectar si existe la enfermedad y tratarla a tiempo si es necesario.
Los factores de riesgo son los siguientes:

  • Tener antecedentes familiares de glaucoma
  • Tener más de 60 años
  • Ser miope
  • Haber padecido algún traumatismo o enfermedad ocular
  • Cirugías oculares previas

Diagnóstico

Con el fin de diagnosticar un glaucoma, es necesario que durante una revisión oftalmológica, se realicen las siguientes exploraciones:

  • Medida de la presión intraocular (tonometría)
  • Exploración del fondo de ojo para valorar el estado del nervio óptico
  • Comprobar  el estado de las vías de drenaje del humor acuoso mediante una técnica llamada Gonioscopía (permite ver si el ángulo está abierto o cerrado)
  • Exploración del campo visual mediante una Campimetría. Se suele realizar cuando hay indicios de padecer Glaucoma, es una prueba determinante para confirmar un diagnóstico.

Tratamientos

Los tratamientos dirigidos al Glaucoma tienen el fin de conservar el campo visual y la visión del paciente a partir del momento en el que se detecta la enfermedad, ya que es imposible recuperar la visión ya perdida.

Con el fin de disminuir la presión intraocular y mantenerla estable, se pueden utilizar diferentes métodos. En la mayoría de casos se realiza mediante fármacos tópicos, es decir, colirios. Éstos ayudan a mantener el equilibrio entre la formación/evacuación del humor acuoso para que la presión intraocular no sea alta y se mantenga estable. En general se aplican una o varias veces al día, deben ser prescritos por un oftalmólogo y debe ser un tratamiento continuo.

En el caso de no poder utilizar tratamiento farmacológico, existen dos tipos de  alternativas: el tratamiento láser y la intervención quirúrgica.

Tratamiento láser: Cuando el glaucoma es crónico, se aplica un láser SLT en la zona obstruida para permitir que el humor acuoso tenga un mejor drenaje, y así se consigue disminuir la presión intraocular. Se realiza cuando los fármacos producen efectos secundarios graves o cuando no consiguen controlar suficientemente la presión intraocular. Los tratamientos con láser pueden a llegar a ser también insuficientes, sobre todo en personas jóvenes y en casos graves. En un glaucoma agudo es muy efectivo realizar un agujero en el iris para que la cámara anterior y la posterior estén comunicadas. A este procedimiento se le llama iridotomía y suele realizarse en los dos ojos cuando el glaucoma se manifiesta. También se puede realizar como medida de prevención, si el paciente presenta el riesgo de padecer un glaucoma de este tipo.

Intervención quirúrgica (trabeculectomía): esta técnica se realiza en glaucomas muy avanzados y en los casos en los que los fármacos y el láser no tienen efectividad. Durante esta cirugía, se crea una nueva vía para drenar el humor acuoso con el fin de conseguir la disminución de la presión intraocular. El oftalmólogo se basa en la gravedad del diagnóstico, en el tipo de glaucoma y en la efectividad de la solución a la hora de elegir el tratamiento idóneo para cada paciente.

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